Páginas en blanco para tu propio descanso.
Un cuaderno y un lápiz pesan menos que el móvil y, sin embargo, recogen mucho más. El gesto físico de escribir a mano cambia la atención: obliga a mirar, a elegir, a quedarse un poco más en cada cosa.
No hace falta saber escribir, ni redactar bien. Basta con anotar lo que se vio, lo que se comió, lo que se sintió. Tres frases al día son suficientes. Al volver a casa, esas tres frases serán la memoria más fiable del viaje.
Escribir a mano no documenta el viaje. Lo digiere.
«El viaje no termina cuando se vuelve. Termina cuando se ha escrito.»Bruce Chatwin (libre)