Capítulo 04

Costa

Caminos junto al mar para escuchar la respiración.

La costa española camina más de lo que parece. Antes de los hoteles, había sendas de pescadores, de carabineros, de monjes. Muchas siguen ahí. Algunas se llaman GR, otras simplemente camí de ronda, y todas tienen en común la misma banda sonora: oleaje, gaviota, viento.

Caminar junto al mar es, en sí mismo, una terapia. El aire cargado de yodo, el horizonte que obliga al ojo a descansar, el ruido blanco de las olas que apaga el pensamiento circular. No hace falta llegar a ningún sitio: el premio es el paso siguiente.

Camino costero

Cuatro caminos junto al mar

Costa Brava

Camí de Ronda

De Blanes a Portbou siguiendo calas de pino y agua transparente. Por tramos, en días sueltos.

Asturias

Senda del Cares costera

Acantilados verticales, prados sobre el Cantábrico, vacas que miran sin sorprenderse.

Cantabria

Costa Quebrada

Playas escondidas, arcos de roca, atardeceres atlánticos. Geología que cuenta el tiempo en millones.

Mallorca

Camino de la Trapa

De Sant Elm a un antiguo monasterio en lo alto del mar. Pinares, encinas, silencio.

«Caminar por la costa no es ejercicio: es una forma de pensar sin pensar.»Cuaderno del viajero

Cómo caminar despacio

No fijes kilómetros. Fija horas. Sal después del desayuno, vuelve antes de la cena, y entremedias deja que el camino dicte el ritmo. Para cuando algo te llame: una cala, un banco de piedra, una sombra. Cinco horas de paseo con tres pausas largas valen más que un sendero entero hecho a marcha forzada.

El mar enseña a respirar de nuevo. Bastan tres días para notarlo en el sueño.